La Argentina en el espacio

En un esfuerzo conjunto entre el Estado argentino y la NASA, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales se apresta a lanzar el próximo 9 de junio, desde California, un nuevo satélite de tecnología totalmente nacional, que medirá la salinidad de los mares y brindará importantísima información para el clima y la agricultura.

La Argentina tiene ahora una nueva oportunidad para que el mundo la valore no sólo como proveedora de bienes primarios de origen agrícola, sino también como creadora de tecnología de punta en el marco de la carrera espacial. Sus hombres de ciencia disfrutan el valor de pertenecer. Casi nada.
El próximo 9 de junio se lanzará desde Vandenberg, California, el cuarto satélite espacial realizado en la Argentina, y con fondos estatales, y el segundo de observación terrestre. Se llama SAC- D Aquarius y tendrá como objetivo principal medir la cantidad de sal en los mares y proveer una amplia gama de informaciones relevantes para la ciencia y para la economía del país.
La doctora Sandra Torrusio, investigadora principal de la misión SAC- D Aquarius, recibió a El Federal en la sede de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), en el barrio porteño de San Telmo. La acompaña Fernando Hisas, ingeniero y coordinador del programa SAC-D (Program Manager), para contarnos todo acerca del flamante satélite argentino que en pocas semanas la NASA pondrá en órbita.
En noviembre de 2000, la Conae y la NASA ya pasaron por esa experiencia. Aquel proyecto se llamó SAC- C, y aun funciona y tiene una especial atención sobre la medición del estado de las tierras agrícolas. Generalmente la vida útil de uno de estos artefactos es limitada, pero el gran trabajo que realizó el SAC-C le alargó la vida, hasta el presente. Al respecto, Torrusio aseguró que “generalmente los satélites tienen un tiempo de trabajo que oscila alrededor de los 5 años, pero si siguen funcionando, y sus datos se aprovechan, pueden seguir procesando información. El SAC-C cumplió 10 años de su puesta en órbita el 21 de noviembre pasado, y sigue trabajando”.

Objetivo. Al contar con una mirada mucho más profunda sobre la tierra, se buscó completar la información disponible acerca del mar, con  todo lo que eso implica. De allí que la Conae comenzó a trabajar en un satélite que cumpliera ese objetivo: Así nació el Aquarius. “La idea de este satélite surgió por la necesidad de tener datos sobre la salinidad del mar, y ver cómo éstos pueden aportar al manejo del recurso ictícola”, explicó la investigadora. “SAC- D Aquarius es el cuarto satélite que pondremos en órbita. Los primeros dos fueron más de desarrollo y el tercero, el SAC – C, fue el primer satélite operativo de observación de la tierra. El SAC- D está más vinculado al clima y al océano. Es diferente al C, cuyo objetivo fue trabajar sobre la agricultura, temas mucho más terrestres”, manifestó Torrusio.
Fernando Hisas calculó que “el presupuesto total estimado del proyecto es de $200 millones de dólares, esto teniendo en cuenta la participación de varios países, sobre todo de la Argentina y de los Estados Unidos a través de la NASA. En lo que nos compete a nosotros, el Estado Nacional, por intermedio de la Conae, puso $60 millones de dólares para la plataforma”.
En la elaboración de este satélite no sólo participaron la Argentina y los Estados Unidos, sino que países como Francia, Canadá e Italia también aportaron instrumentos esenciales para poder llevar a cabo la misión. Torrusio explica detalladamente cómo está conformado el SAC- D: “El satélite consta de 7 instrumentos, 5 aportados por la Argentina, que además del Aquarius (así se llama el instrumento vital del satélite y fue aportado por la NASA) pueden ayudar a monitorear incendios, erupciones volcánicas, estimar la temperatura superficial de la tierra y los océanos y vigilar los mares en cuanto a la distribución y dispersión de buques pesqueros”.

Calamidades. El planeta Tierra viene sufriendo desde hace tiempo tragedias naturales inusitadas, lo que conlleva grandes cantidades de víctimas fatales. Sin ir más lejos, en marzo pasado, Japón sufrió un terremoto y un tsunami devastador que produjeron más de 10 mil muertos y 100 mil evacuados, esto sin contar los daños materiales que dejó aquel desastre. Si el SAC- D hubiera estado en órbita, “el satélite no hubiera podido prever la tragedia que ocurrió en Japón, pero sí llegar a tomar medidas que ayuden a evitar tales acontecimientos. Al poder medir la humedad de la tierra, por ejemplo, si viene una tormenta sabemos que esa zona está más propensa a inundarse”, sostuvo la doctora.
Sumándose a su respuesta, Hisas enfatizó: “Los beneficios que va a recibir la sociedad se darán a través de varios canales. Primero, por la información que nos va a brindar el satélite. Todos los proyectos de un plan espacial están planteados como un plan de inversión. El Estado hace una inversión en dichos proyectos para que después vuelvan a la sociedad, y la condición es que podamos cuantificar económicamente ese retorno para demostrar que como proyecto de inversión, cerró. El SAC- D tuvo total financiación estatal argentina”.
Durante décadas, la salinidad del mar se midió mediante el uso de boyas. Este método daba un análisis muy precario en diferentes lugares y provocaba errores en cuanto al comportamiento de los respectivos océanos. En base a esto, Torrusio argumentó: “Hasta hoy la salinidad del mar se midió con boyas. A partir de ahora, tener una cobertura global y satelital permite que se introduzcan modelos climáticos. El hecho de saber si vamos a tener más o menos lluvias o más o menos sequías, también colabora con el sector agropecuario. Al saber cómo varía la salinidad, podemos saber cómo varía la temperatura del agua y la relación atmósfera- océano. Entonces, es un punto clave en el tema climático. Lo cual nos da la certeza de que, a mediano y largo plazos, vamos a tener mejores pronósticos”.

Base. La participación de la agencia norteamericana espacial en este proyecto se basa en dos aportes fundamentales: “La NASA nos provee el instrumento Aquarius y la base para su lanzamiento, que dentro de una misión satelital son muy costosos y para los cuales nuestro país aún no está listo, ya que no hay bases para el lanzamiento de un satélite tan grande como éste”.
El crecimiento de la Argentina en el área de la actividad espacial parece seguir incrementándose. Tanto es así, que la Conae ya está trabajando en una base de lanzamiento local, que abaratará los costos propios al ofrecerse en alquiler. La misma se destinaría a satélites chicos, lo que provoca una contradicción, ya que con el paso del tiempo los satélites son cada vez más pesados y más difíciles de maniobrar. Al respecto, Hisas explica su interesante proyecto para construir una base nacional, y para modificar por completo la manera de construir satélites: “Estamos trabajando para tener una base propia de lanzamiento en la Argentina, pero para satélites más pequeños. Su ubicación todavía no está definida pero va a ser seguro a orillas del mar, porque desde allí se hacen los lanzamientos, y no muy lejos de las grandes ciudades. Es un proyecto estimado a tres años. Estamos detrás de hacer un cambio que se llama arquitectura segmentada, es decir satélites de dimensiones reducidas que puedan dar la prestación de uno grande. Esto permitirá poder trabajar con menos costos y más confiabilidad, con la seguridad de que si algo se pierde, se puede reponer en semanas. Además, al tener una base de lanzamiento el ahorro del dinero sería mayor. En caso contrario no serviría de nada abaratar costos en la construcción si después se debe poner ese dinero para alquilar una base en cualquier otro país”, detalló el científico.
También aclaró Hisas cuánto tiene que ver el peso y el tamaño a la hora de evolucionar en el aspecto de la tecnología espacial: “En 1996 pusimos el primer satélite en órbita, el SAC- B, que para nosotros fue importante en esa época y hoy podemos decir que era un satélite pequeño, de 200 kilos. Menciono el peso porque éste guarda relación con la complejidad de los proyectos”, dijo. En términos más simples, poner en órbita cada kilo cuesta (mucho) dinero, y por eso, cada gramo adicional enviado al espacio debe justificarse. Es por eso que, a medida que pasan los años, los satélites se hacen más sofisticados, más pesados y más caros,  no sólo para fabricarlos, sino para ponerlos en órbita. Aclaró Hisas: “Por eso pasamos de esos 200 kilos del SAC-B a los 3 mil kilos del Sao-Com”.

Primavera. Desde 2003 hasta la fecha, más de 600 científicos han regresado al país. El aporte económico del Estado y su activa participación se ha incrementado notablemente en los últimos años, lo que provocó avances importantísimos en todas las áreas, desde la medicina hasta la tecnología. La Conae formó parte de este crecimiento, desde un primer momento. Torrusio se alegró al mencionar que “el Estado Nacional nos ha dado absoluta libertad y facilidades para este proyecto. No hubo ningún tipo de recorte, además, en cuanto al apoyo de la parte científica y tecnológica de las universidades y del Conicet, que contribuyeron a esta misión. Conae sola no hubiera podido”.
El Invap es una empresa mitad del Estado. Allí se construyó el satélite, con aporte oficial y sin ningún tipo de restricción. “Creo que vale la pena mencionar que si bien está el desarrollo espacial, por el cual siento orgullo viéndolo desde adentro, también hay todo un manejo coordinado entre las partes y el vínculo Argentina - Estados Unidos, porque hay que sacarse el sombrero con la tarea de los ingenieros”, explicó Torrusio, quien recordó también que el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación aportó por primera vez financiación a proyectos de investigadores independientes, grupos de universidades que van a trabajar con los datos que brindará el SAC- D una vez en órbita”.
En cuanto al rol del Estado, y siguiendo la misma línea de Torrusio, el coordinador del proyecto SAC- D coincide y agrega que: “Hay países que aportan alrededor de 10 mil millones de dólares al año en la actividad espacial, como Estados Unidos, y otros que dedican cero. En los últimos años ha crecido el presupuesto que la Argentina invierte en esta área. Podría decir que somos vistos en el resto del mundo como un país eficiente en el uso de los recursos en el sentido de que con igual o menos dinero hemos conseguido más que otros países. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales ha evolucionado mucho”, expresó. Al hablar de la participación estatal, no se la menciona sólo por una simple cuestión económica. Hay factores variados que hacen que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales no se encuentre sola. “Acá participan varias empresas privadas, así como el Conicet, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, varias universidades, la Cnea (Comisión Nacional de Energía Atómica). Creo que esto lo estamos haciendo todos los argentinos y es un orgullo absoluto. Para la misma NASA la misión SAC- D está considerada clave. Hemos hecho muchísimo en casi 20 años (comenzó a funcionar en 1992 y en 1994 tuvo su primer plan espacial). Conae sola no podría hacer nada si no contara con todo el sistema de ciencia y tecnología del país.”
La Cnea tuvo una participación más que interesante: “Además de los instrumentos que yo mencioné, los paneles solares fueron aportados por ellos y esto provoca que el satélite pueda transformar la energía solar en energía eléctrica, de todas maneras tiene una serie de baterías por si hace falta realizar alguna maniobra en particular”, aseguró la investigadora principal.

Fierros. En cuanto al funcionamiento específico del satélite una vez en órbita, Torrusio analizó detalladamente cómo es el proceder del SAC- D y de qué forma se recopilaran los datos desde la Tierra: “El satélite se mueve de polo a polo, se ubicará a 657 kilómetros de distancia de la tierra, y tardará una semana en dar la vuelta completa al planeta, mientras éste va rotando al mismo tiempo. En base a qué instrumento se utilizará, el SAC- D cubre de 380 a 1.600 kilómetros de barrido. En diferentes partes del mundo podrán recabar datos del SAC- D entre 2 y 3 veces por día. Y si las antenas tienen a la vista el satélite le pueden enviar comandos. Luego todos los datos que brinde el SAC- D con el instrumento Aquarius se van a recibir en Córdoba y van a estar disponible desde la página web de la NASA. Con el resto de los instrumentos la página del Coane los tendrá actualizados y cargados”.
 Hacia el futuro, Hisas anticipó que la Conae ya trabaja en el proyecto Sao-Com, que el Banco Interamericano de Desarrollo financiará con un presupuesto de $2 mil millones de dólares. “Ya lo estamos construyéndolo en nuestro país con varios contratistas, Invap es uno de ellos, y también participa la CNEA.” (ver recuadro).
Ya en la cuenta regresiva hacia el día del lanzamiento, Torrusio viajó a Córdoba para terminar de definir todos los detalles que pondrán en órbita al satélite. Hisas presenciará el lanzamiento del SAC-D Aquiarius, directamente, en la base en California. Una gran distancia física los separará, sin dudas, pero un enorme orgullo los unirá, como científicos y como compatriotas. Es ese mismo orgullo que nos permitirá saber a todos que, también en la carrera del espacio, los argentinos podemos.