La Segunda Fundación de Buenos Aires

El sábado 11 de junio de 1580 fue fundada por segunda vez por Juan de Garay. El español eligió un sitio cercano a la hora del Riachuelo, donde Pedro de Mendoza había arreglado 44 años atrás

 “Yo, Juan de Garay, estando en este puerto de Santa María de los Buenos Aires, hago y fundo en el dicho asiento y puerto, una ciudad y mando que se intitule la Ciudad de la Trinidad”. De esta manera, el sábado 11 de junio de 1580  fue fundada por segunda vez la ciudad que en la actualidad agregó a su nombre original el adjetivo de autónoma.
Garay eligió para la ceremonia de posesión un sitio cercano a la “boca del Riachuelo”, a donde Pedro de Mendoza había arribado 44 años antes bautizándolo Nuestra Señora de Buenos Aires. Existen dos versiones respecto a la elección del nombre. Una es que Mendoza fue influenciado por los frailes mercedarios que viajaron en su expedición, Juan de Salazar y Juan Almacián, cuya orden veneraba esa advocación de la Virgen. La otra fue que  escogió la denominación después de escuchar a su cuñado, Sánchez del Campo, quien al saltar de la nave a tierra había exclamado: “¡Qué buenos aires son los de este suelo!”. Pese a esta expresión, los aires no fueron tan buenos y aquella expedición debió abandonar el lugar corrida por el hambre y el ataque de los indígenas que defendían su territorio.
En el nuevo intento, Garay nombró al puerto del mismo modo que su antecesor, pero usó la festividad cercana de la Santísima Trinidad para bautizar a la ciudad a la que llegó acompañado de su mujer, Isabel de Becerra, y de su hijo Juan, al frente de una expedición integrada por 62 hombres y una viuda de nombre Juana Díaz, que había partido tres meses antes desde Asunción, actual territorio del Paraguay. 
Antes de emprender el viaje, había ordenado que Alonso de Vera y Aragón se adelantara por tierra para trasladar 500 vacas, 1000 caballos y 100 ovejas, y en otra expedición naval fueron conducidos las mujeres y los niños de la tripulación de Garay.
Tras elegir por sorteo a San Martín de Tours como patrono de la ciudad, Garay se dedicó a repartir las tierras. Trazó un plano con 250 manzanas, de las cuales 46 destinó a solares urbanos donde ubicó el lugar para el fuerte, la plaza mayor, los conventos de Santo Domingo y San Francisco y un hospital. El resto fue ocupado por los pobladores.
La ciudad quedó diseñada con 16 cuadras de sur a norte, y 9 de este a oeste, en el espacio limitado por las actuales calles 25 de Mayo hasta Salta y desde Viamonte hasta la avenida Independencia. Cada poblador recibió un cuarto de manzana y terrenos para cultivo de entre 300 y 400 metros cada uno. Estas tierras estaban ubicadas fuera de lo que se llamó el “ejido de provecho común”, ubicado en la periferia de la ciudad en un perímetro que finalizaba en las actuales  calle Arenales, y las avenidas San Juan y La Plata.
En el reparto, Garay se reservó media manzana donde hoy se levanta el Banco de la Nación, en Rivadavia y Reconquista. Para Juan de Garay (hijo) la otra media manzana. Para Luis Gaytán, la esquina de Bolívar e Hipólito Yrigoyen. Para el adelantado Juan de Torre Vera y Aragón, la mitad de manzana donde actualmente se ubica el monumento a Belgrano.
Al poco tiempo de la fundación, la nueva ciudad fue atacada desde el norte por los indios guaraníes, y por el sur arremetió la tribu del cacique Telomian Condie. Pero, a diferencia de los expedicionarios de Mendoza, los pobladores estaban preparados. Dicen que en uno de los combates mataron a tantos indios que el lugar fue bautizado como “Paso de Matanzas”, dando origen al nombre que denomina a uno de los partidos del conurbano bonaerense.
Es que así se realizó la conquista, a sangre y fuego, y en el caso de Buenos Aires, la modalidad quedó simbolizada en el escudo de armas que hoy flamea en la bandera de la ciudad y que Garay describió como “un águila negra, pintada al natural con su corona en la cabeza, con cuatro hijos debajo demostrando que los cría, con una cruz colorada sangrienta que sale de la mano derecha y sube más alto que la corona, que semeja la dicha cruz de Calatrava, y lo cual está sobre campo blanco”.
Pero los indios tomaron venganza. En 1583, Garay designó teniente gobernador de la ciudad a Antonio Torres de Pineda y partió hacia Santa Fe, también fundada por él  una década antes. Cuatro leguas antes de llegar al fuerte decidió bajar a tierra y, pese a que sus acompañantes le advirtieron sobre la presencia de un grupo de aborígenes, él no le dio importancia y se fue a dormir sin organizar una custodia. En la madrugada, los indios mataron a Garay, hirieron a 30 de los tripulantes y raptaron otros 11, dejando en claro que, si iba a correr sangre, no sería solo la de los pueblos originarios.