76 cóndores rescatados tienen alto porcentaje de plomo por bala

Desde 2008 hasta 2014 se rescataron y rehabilitaron 76 cóndores en nuestro país, todos ellos tenían hasta veinte veces más concentración de plomo en la sangre que la medida mínima. El plomo proviene por balazos o por ingerir animales muertos por la caza que tenían balas en su organismo.

“Al menos uno de cada cuatro cóndores andinos analizados en nuestro país presenta disparos en el cuerpo o ha ingerido municiones de manera accidental” a esta conclusión llegó el veterinario Guillermo Wiemeyer, quien trabaja en el Eco Parque de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, responsable de la recuperación de 76 cóndores andinos.

Para el equipo que trabaja en el rescate y rehabilitación de estos cóndores, es urgente que en el país se regule el uso de municiones. Sería importante también rever las habilitaciones para la caza y controlar aún más la caza ilegal, que crece en todas las regiones.

Los resultados nos sorprenden y preocupan mucho. Los cóndores silvestres tenían hasta 20 veces más plomo en su sangre y 50 veces más en sus huesos que aquellos criados en cautiverio”, afirma a la prensa Wiemeyer, quien junto a su equipo difundió estos resultados que dan cuenta de que entre 2008 y 2014 se rescataron y rehabilitaron 76 cóndores, 42 machos y 34 hombres de trece provincias. Todos ellos habían sido alcanzados por balas o habían ingerido carroña con balas.

Según se dio a conocer el plomo en el organismo de los cóndores les modifica su comportamiento, su sistema reproductivo, digestivo y neurológico. En algunos casos puede ser mortal.  “Al menos uno de cada cuatro cóndores andinos analizados en nuestro país presenta disparos en el cuerpo o ha ingerido municiones de manera accidental. Estos niveles son muy preocupantes y potencialmente letales”, sostiene Wiemeyer.

“Muchas veces se les dispara por aversión o incluso por diversión”, concluyó Wiemeyer quien a su vez es miembro de la ONG Peregrine Fund. En algunas regiones se tiene el prejuicio de que el cóndor caza ganado en pie, cuando en realidad es un ave que come carroña, su función es el de ser un “basurero ecológico”, comiendo animales muertos por envenenamiento o caza. Para los pueblos originarios se trató siempre de un animal sagrado.