Escuela autosustentable cierra el año con alumnos sin repetir y record de asistencia

La primera escuela autosustentable de latinoamérica, que funciona en un ambito rural en Jaureguiberry (Uruguay) terminó su primer ciclo escolar con excelentes resultados, los niños no sólo aprendieron las materias curriculares sino a cultivar, mantener una huerta y a aprovechar los recursos naturales. Ninguno repitió y tuvieron asistencia perfecta. Otra forma de educación es posible.

Otra forma de construcción y de educación son posibles. La primera escuela autosustentable de Latinoamérica está en Jaureguiberry (Uruguay) y fue hecha por voluntarios de todo el mundo con la presencia y dirección del arquitecto Michael Reynolds, creador de un concepto constructivo que aprovecha los recursos naturales. Con el 2016 a punto de irse, en la escuela ninguno de los 43 alumnos que asisten repitió y la asistencia fue perfecta. “Vienen por le gusta la escuela”, afirma la maestra Rita Montans.

La Escuela es un ejemplo de cómo los niños, docentes, padres y toda la comunidad del pueblo pueden intervenir en el proceso educativo. Ubicada en Jaureguiberry, la escuela autosustentable fue construida a través del crowdfunding. Se trata de la Escuela Rural N° 294, y durante años funcionó en un pequeño edificio, pero la comunidad entendió que querían apostar por la susentabilidad y entre todos modificaron la estructura del establecimiento hasta convertirlo en una escuela totalmente autosustentable.

Siguiendo un diseño de Michael Reynolds, la escuela usa energía solar, agua de lluvia y está orientada al norte para aprovechar al máximo la luz del sol. "En invierno afuera había dos grados. Los alumnos medían la temperatura adentro y nunca bajó de 16", afirma la maestra al diario Ecos. Hace pocos días el ciclo lectivo terminó y con él el primer año con un nuevo modelo educativo, bajo un techo natural. El resultado fue exitoso: los niños no faltaron a la escuela y ningún alumno repitió. Todos los alumnos son hijos de familias rurales. “Fueron unos campeones porque el programa se cumplió igual a otras instituciones. Fueron sorteando la exposición pública, visitas de autoridades, entrevistas de la prensa”, recuerda la maestra cuando allá por marzo la escuela abría y era noticia en todo el mundo.

Los niños vivieron el proceso de pasar de un pequeño edificio a esta nave tierra de 270 metros cuadrados con tres salones para el dictado de clases y con una capacidad para 100 alumnos. En el año 2017 aspiran a sumar al menos hasta llegar a 55. Debido al programa educativo que tiene la escuela, basado en prácticas ecológicas y en el aprovechamiento de los recursos naturales, muchos padres comienzan a decidirse por enviar a sus hijos esta escuela.

Los niños fueron este año todos los días de 9 a 14 y comieron lo que cosecharon, ya que la escuela tiene una huerta orgánica cuidada por los propios niños.  "El aprendizaje se da desde la experiencia, es una vinculación directa con el medio mismo. El niño capta el concepto a partir de lo que está viviendo y muchas veces puede llevarlo a su casa. Todo es visible y medible. Vamos a ver los frutos. Ya se ve desde primer año, acá salió un grupo que es 100 en matemáticas, escritura, comprensión lectora”, sostiene con orgullo la maestra que quiere a sus alumnos de la misma manera que a la escuela, “es como un hijo”, señala.

La ONG Tagma que fue la encargada de llevar adelante este proyecto, ha recibido propuestas de todo Uruguay para construir escuelas iguales a esta. Otra forma de educación, lo demostraron en Jaureguiberry es posible y además, con resultados exitosos, con niños que aprenden no sólo las materias básicas, sino a cultivar, a cuidar una huerta, a valorar al sol, cuidar el agua y a vivir en equilibrio y armonía con la naturaleza.