Rosas, el pueblo de los sabores orgánicos donde la tranquilidad tiene su nido

A 180 kilómetros de Capital Federal, Rosas es el pueblo de los aromas y el ritmo lento. Una familia decidió abrir su casa para ofrecer un menú de platos caseros hechos con productos orgánicos que ellos mismos cosechan. Está la posibilidad de quedarse varios días parando en una casa rodeada de árboles donde por las noches las estrellas bajan al alcance de la mano. Rosas es un caso ejemplar de cómo un pueblo puede ser un destino rural apostando por la gastronomía y los sabores naturales. Te invitamos a conocerlo.

Por Leandro Vesco

Rosas es un ejemplo de cómo un pueblo puede recuperarse y transformarse en un destino de turismo rural apostando por la gastronomía criolla y la vuelta a los sabores caseros y naturales. Una familia del pueblo decidió seguir una corazonada y le salió bien, abrió las puertas de su casa para recibir visitantes y ofrecerles platos que son hechos a mano con tiempo y paciencia y elaborados con productos de una huerta orgánica que podemos conocer y admirar. A la noche se puede elegir dormir en “La Gracia”, una casa de campo rodeada de árboles, luciérnagas y estrellas.

A Casa Mía” es un sueño hecho realidad. Es la casa de Ivana Gopar, quien junto a su familia decidieron ofrecer algo que no existía en el pueblo: la posibilidad de recibir turistas tentándolos que lo que mejor saben hacer: cocinar. El secreto fue simple para ellos: dar una vuelta por su huerta y cocinar los platos que en los pueblos son moneda corriente: empanadas, carnes, pastas y ensaladas pero con la diferencia de que aquí en Rosas mientras comemos una ensalada podemos ver a los pocos metros la planta con los mismos tomates, la lechuga, la acelga y la rúcula que está en nuestro plato, la podemos ver, no hay intermediario ni herbicidas: la visión de la huerta juntos a los árboles frutales fascina y nos devuelve una comodidad que creíamos perdida. “Queremos mostrar de dónde sale lo que estás comiendo”, resume Ivana, responsable de la idea, nacida en Rosas, el pueblo de los aromas.

Abrimos la puerta de nuestra casa para ofrecer sabores caseros con recetas de la abuela”, nos comenta Ivana. Caso curioso el de la gastronomía ya que es una de las pocas cosas que se recuerdan cuando se visita un lugar, también es una de las actividades más contaminadas por sabores estándares y principalmente por productos mal manipulados o de baja calidad. En Rosas lo entendieron muy bien, para atraer a los turistas muchas veces no basta con la tranquilidad y la paz, que pueden ser factores determinantes a la hora de elegir un destino, aunque si a ellas dos se le suma un menú de platos exquisitos hechos con productos orgánicos y elaborados a ritmo lento y sin apurar ningún proceso entonces podemos hablar de una experiencia rural completa, “A Casa Mia”, plantea y soluciona con éxito este dilema: visitar un pueblo y no olvidar los sabores de los platos comidos, tampoco sus noches silenciosas y los amaneceres frescos con la sinfonía de aves saludando al nuevo día.

Rosas es un pueblo con calles caprichosas que abrazan a un puñado de casas típicas del interior bonaerense, es como un jardín a cielo abierto, los senderos llevan a arboledas por donde el sol se duerme en atardeceres únicos. Hay un almacén, un bar, una escuela, la iglesia y un maravilloso blend de aromas frutales y florales. Son cien habitantes que viven en un tiempo propio, alejados del ruido y las preocupaciones banales. Está a 21 kilómetros de Las Flores, cabecera del Distrito, donde está el Complejo Plaza Montero donde es posible pasar un día disfrutando del agua y practicando deportes acuáticos. Villa Pardo, es otro pueblo cercano que también ofrece hotelería, y donde es posible probar el mejor pan de la zona en la panadería de Matías Crosta, cerca está Yamay, un espacio natural donde se propone el turismo ecológico y sustentable. Todo queda cerca: las cabañas "Lo de Jorgito" y los productos orgánicos de "Stella Maris"

Volviendo a Rosas es posible continuar disfrutando de los sabores de A Casa Mía, o elegir descansar en “La Gracia”, una casa del pueblo que Ivana y su familia reacondicionaron para finalizar el día en medio de un entorno natural mágico. “No tenemos televisión, no hay internet y hay poca señal de celular, nuestra idea es que disfrutes del verde”, sintetiza Ivana, acaso mostrando la matriz de la desconexión que sólo es posible lograr en pueblos como Rosas. Volver a sentir nuestra respiración, asombrarnos con el vuelo de las aves y dejarnos llevar por el ritmo que el sol le da al día, nadie corre aquí, todo se hace a paso lento. El día alcanza para todo.

 

A Casa Mía: https://www.facebook.com/acasamiaIII

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